miércoles, 12 de diciembre de 2007

Definitivamente

Definitivamente
yo no creo en el amor eterno
como una situación dada o establecida
fundada sobre la base
de un agua sin movimiento.
Nunca el océano es siempre el mismo
aún cuando nos parezca
tajante y absoluto,
pues detrás de la arena y la espuma

siempre hay un jirón de sal
nuevo e irreverente.
No es el amor
una posibilidad de no quedarnos solos
ni un ritual que mecánico
conserva la especie en el tiempo.
No es,
en el peor de los casos,
una jugada maestra
ni un poder consumado.
No es,
en última instancia,
un dictamen omnipotente
que juguetea con nuestras ilusiones.

Yo no creo en la vida
determinada y casual
como un juego de naipes
arrojados sobre la mesa del azar.
La vida,
es más que la necesidad
de aparearla a otra vida,
para por costumbre,
no arrugarnos sin compañía.
La vida para hacerla nuestra,
requiere implacable,
a diario de una proeza.

El amor para ser eterno
debe arder como la palabra fuego
y llenar como la palabra pan:
una
para mantenerlo siempre encendido
y otra,
para comerlo día tras día
con hambrienta pasión infinita...

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