Mirada de ágata.
Risa de turquesa.
Tu boca es de tumba y de sombra,
y tu distancia es el eclipse que ahoga
las campanas que dicen:
“para siempre, para siempre,
para siempre”
con cada quejido.
Hoy mi verso te busca
y tironea desde lejos
tu espalda cubierta
por la escarcha de olvido
y mis palabras se despeñan
en el acantilado
de un: ... ¡no me dejes!
que sangra hasta morir de frío.
Te miro y no te veo.
Hoy un ángel
del paraíso se ha perdido.
Hoy como siempre te busco,
pero esta vez
tu indiferencia
me ha dejado
mortalmente herido...
2 comentarios:
es mejor aunque doloroso, saber que te dejan y no vivir con la angustia de no saber si aún le tienes o si aún le perteneces.,
Uff... como duele amar la gélida hermosura, cuando el tiempo le da regalos a la distancia.
Lo siento como un dolor perdido, sin rumbo, pero delicado, como un manto de seda negra sobre lo que fueron buenos recuerdos.
Poesía fina.
Un abrazo.
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