miércoles, 27 de febrero de 2008

Déjame ser

Déjame ser
el incansable torbellino
o el río del te amo desatado
y deja que me aleje
de la senda de lo permitido.

Déjame ser polvo y nada:
pienso tu cintura,
tus ojos en la altura del silencio
que me disparan a mansalva
cuando de ti me alejo.

Veo tus gestos que se escapan
estampados en un óleo invisible
cuando la corriente del amor
los arrastra.

Quién,
quién dijo cielo?
Quién,
quién gritó infierno?

Amada,
amada siempre,
Querida,
querida desde siempre.
Navego sin rumbo como un otoño
amarillo y desgastado
entre las hojas perdidas

de tu deseo desenfrenado.

Por eso,
cógeme entre tus brazos
de guirnalda y hoguera,
y márcame en la piel
tu amor
como un río salvaje
de besos en delirio.

1 comentario:

Anónimo dijo...

un grito desenfrenado para que ese "quién" se decida a dejar entrar el amor y la pasión a su vida....a veces uno no es la persona que el otro quiere...