Qué no daría mi boca
por no apartarse nunca de la tuya
por permanecer abrazada a tu beso
como los astros a la noche abierta
cuando el silencio lo inunda todo...
qué no daría?
Qué no daría mi mano
por permanecer entrelazada a la tuya,
por recorrer los caminos del aire
que rodean tu cuerpo de amapola
estableciendo en él su morada
y fundar una ciudad de caricias
en cada palmo de tu delirante
y arrebatadora geografía...
qué no daría?
Que no daría mi cuerpo
por anclarse eternamente al tuyo
como un barco que no necesita
zarpar a otros puertos
buscando otros tesoros
que no sean los que permanecen
e inundan tus frágiles rincones.
Parajes donde el origen tiene su origen
y donde la vida se llena de vida...
qué no daría?
Qué no darían mis ojos
por no ver más que los tuyos
y por hundirse en ellos
como un velero entregado a las aguas
de turquesa transparencia,
muriéndose y renaciendo a la vez
como la frase que despierta en tu boca
y termina bailando en mi poema...
qué no daría?
1 comentario:
Estimado Eduardo,
Que grato volver a leer tu poesía, cargada de emociones, de recuerdos y de amor. No podría esperar menos de un quijotesco por esencia :-)
Un fuerte abrazo, y espero seguir leyendote en el ciberespacio.
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