La mujer de las palabras de miradas
intuye preciosa
lo que mis ojos cantan
cuando me atrapan sus pupilas desatadas
en la punta de la ola
que estalla sobre mi corazón,
en su arena abandonado.
Le pregunto a sus miradas
por el amor que de sus labios
amenaza agitar como estampida,
pero sólo sus ojos
planean en todo lo que miro
y agazapado aguardo
su beso como el rayo entre nubarrones
para que con su fuego desordenen
mis labios en delirio.
La mujer de las palabras de miradas
desde su imperio se aproxima
lenta, definitiva y silenciosa
y con el destello de sus pestañas
va capturando el temblor
de mi respiro
como el atardecer va estableciendo
implacable
en el cielo,
el violeta de su poderío.
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