Lejos de ti,
tus besos de amapolas
siguen aún
mordiendo mi boca a latidos
que sangra de sedienta
junto a la noche que se apaga
marchita de luna y de suspiros.
Lejos de ti,
tu cuerpo en oleaje
sigue aún
reclamando mis manos
que enmudecen de vacías
como la gente y las calles
agitadamente solas
agitadamente perdidas,
a esa hora,
en que Santiago
muere en el olvido.
Lejos de ti,
tu mirada marina
sigue aún
atrapando todo lo que respiro
y camino como un ciego
en el horizonte del recuerdo
ebrio de amaneceres
tiritando
hasta morir en delirio.
Lejos de ti,
tu corazón atardeciendo
sigue aún
galopando en mi pecho
marcando de rosa rojas
el orden de mis sentidos.
Lejos de ti,
errante de ausencia
muero un poco cada noche
sin poder ser
lo que contigo he sido.
Lejos de ti,
existiendo apenas
Amor mío...
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