Necesito hablar
explicarte algunas cosas:
a veces el parpadeo violeta del sol
coquetea por entre olas y caracolas.
A veces una ola revienta en la punta
de la arena extendida
y su transparente traje
es una sorpresa
para el soñador ensimismado
que llevaba en sus labios
la humedad de tu nombre.
Yo necesito hablar
explicarte algunas cosas:
yo quisiera tener
la palabra directa como llave de terciopelo.
que abra tu alma y la llene de certezas.
Yo ambiciono la palabra
que tiene la facultad de ser caricia
y beso impulsivo.
Yo necesito hablar
explicarte algunas cosas:
cómo no amar desde antes
tu mirada traviesa
traviesa y relampagueante.
Cómo no amar desde siempre
la rectitud de tu beso empinado.
Que para amar se necesita de un año
de un mes, de un siglo,
es una frase anquilosada
en el pecho
de los que no han sentido
amanecer de pronto
en medio del mar
navegando hacia Puerto Aisén.
Es un refrán gastado
de aquellos que no han visto
estallar de pronto
el velo blanco de la cascada
en el verde profundo de Coyahique…
No obstante,
¿quién puede negar
que te he venido amando
desde el origen de tus manos
hasta el estallido de tu pelo
acariciado por el aire
enmarañadamente suelto?
Necesito hablar
y sentenciarte con algunas cosas:
¡déjame enseñarte Amor
el amor a manos llenas,
déjame mostrarte el dolor
que te cala el alma
cuando el amor se mantiene
encendido en la distancia!
Déjame besarte hasta caer rendido
hasta caer extenuado déjame abrazarte
a los pies del volcán conquistado
que no erupciona
sino que ruge
eternamente encendido.
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