Sabes,
me he sorprendido buscándote
entre el tumulto y los recuerdos
como un ciego
que busca en una pieza oscura
un gato negro que no existe.
No quiero que seas otra sombra
que siga acrecentando el invierno
que cada año se ensaña
con todo lo que he querido.
La calidad de ser hombre
no es más que una musaraña
hecha con la astucia
del guiño y la sonrisa femenina:
“Conquistadores”...
dejémonos de tanta idiotez junta,
las mujeres como los dioses
hacen lo que quieren con uno,
aunque sea agriamente dulce
la rutina del cariño que utilicen.
Sabes,
me he sorprendido pensándote
entre mil ideas
que desorientadas cavilan por mi mente
como un loco
que medita en profundis
sobre la inmortalidad del cangrejo.
No quiero que seas otra sombra
me es suficiente con la colmena de heridas
que zumban carcomiéndome.
Sabes,
me he sorprendido solo
y que curioso masoquismo
he entristecido
por no poder abrazarte.
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