El navío
deja una costura blanca
en el lago Ranco mientras lo monta
con impensado frenesí
como una sonrisa de marfil
que las aguas deshacen
con ondeada prisa,
porque el lago
verdaderamente sonríe,
cuando los niños
saltan y juegan
sobre su traje mal planchado
y lo rompen eternamente.
1 comentario:
cuando tenga la suerte de ver un lago, lo veré distinto...prometido.
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